3 de noviembre de 2008

Pedro


Llevaba un tiempo en el que se enamoraba de chicos y con posterioridad, llegaba a sus oídos que esa persona a la que tanto quería, estaba comprometida. No era culpa de ella, pero se repetía todo esto durante algunos años.

Tuvo que abandonar su pueblo para mudarse a la ciudad y comenzar los estudios universitarios. En la planta donde reside hay cuatro pisos, aparte del suyo, se encuentra el de su vecino de al lado y los vecinos de frente que ocupaban dos pisos en uno. Concretamente, en éste piso vivía un matrimonio con numerosos hijos. Todos se casaron y quedaba el único varón soltero. Se llamaba Pedro.
Un día al cerrar la puerta de su piso y tras pulsar el botón para que subiese el ascensor, Pedro cerró la puerta y comenzaron a presentarse tras preguntarle si ella era la nueva vecina. Llegaron a descubrir que ambos se preparaban para la misma licenciatura, aunque en diferentes universidades. Desde entonces se sucedieron bastantes encuentros seguidos de miradas intensas.
Con el paso de los años se fue enamorando de él y como siempre, lo llevaba muy adentro, no se atrevía a decirle nada. Se ayudaban mutuamente y más aún cuando tenían que desarrollar algún tipo de trabajo para cualquier asignatura.
Conoció a sus padres porque él se los presentó e incluso pensaba que, si llegara a casarse algún día con él, serían los suegros perfectos. La madre le enseñaba a tejer en lana y ella le obsequiaba con postres que realizaba.
Un año, allá por noviembre, comenzaron a desalojar los muebles de uno de los pisos. Le dijeron que harían obras en uno de los pisos y después en el otro. Más tarde dejaron de ser dos pisos en uno, porque pusieron un muro medianero.
Los padres de Pedro, se dieron cuenta de cuánto quería ella a su hijo. Optaron por decirle
que al mes siguiente contraería matrimonio su hijo y viviría con su futura mujer- la cual tuvo como novia meses antes de que se mudara-, en uno de los pisos.
Se casaron el año pasado. Ella llora de vez en cuando, porque recuerda la amistad que tuvo con él, aunque la siguen manteniendo, pero no es la misma y también porque, una vez más, se produjo el enamoramiento hacia alguien que tenía novia cuando no lo sabía, lo cual comenzaba a hartarle.

En la actualidad, cuando se cruza con ellos, les saluda, pero siempre le viene a la cabeza la nostalgia de aquellos años.

6 comentarios:

Lourdes dijo...

Joé, que putada...
Aunque bueno, ella tampoco le dijo nada a Pedro, ¿no? Quizás si hubiese dado el paso, todo habría sido diferente.
Claro que siempre pensamos en lo mismo:-"¿Y si doy el paso y perdemos lo que tenemos ahora?"-.
En fin, la pregunta del millón.

Muchos besos.

toñi dijo...

que pena, me ha recordado a mi misma antes de conocer a mi alma gemela me enamoré siempre de quien no debia, y siempre sufria, pero un día llego la persona ideal para mí y creo que a ella le pasará lo mismo y será feliz. Un beso

tejedora dijo...

Lourdes: Sí, podría ser, pero puede que no lo hiciese por timidez o porque, tras anteriores experiencias, no le fuese bien tras exteriorizar lo que sentía –semejante a la pregunta del millón que has escrito-.

Besos.

Toñi: Me ha ocurrido lo mismo que a ti con esta historia. Espero que ella también sea felíz.

Un beso.

El Club de los Parados dijo...

me llamo la atencion el nombre de tu blog...y he visto como has hilvanado y tejido un vestido lleno de melancolia.
Gracias por tu visita y me alegra saber que te gusto mi entrada...
Una sonrisa
Nos leemos

jeromo dijo...

Ese paso que no dimos cuando teníamos camino por delante.
Ese nudo en la garganta que nos enmudeció para siempre.
Ese… ten, que no se da, y nos deja recuerdos y lágrimas…

Sólo… vamos.

tejedora dijo...

El Club de los Parados: gracias, también, por tu visita.
Tal vez es la percepción que más predomina: la melancolía.

Otra sonrisa de vuelta para ti, y por supuesto que nos leeremos.

Jeromo: Gracias, cómo no, por tu visita..
Al principio todo tan bonito, para que después, al recordarlo queden lágrimas.

Un abrazo.