8 de noviembre de 2008

El violín


Todo comenzó en su infancia. Se sentaba en el suelo – mientras su madre, a regañadientes, le decía que se sentara en la silla o sillón- para ver los dibujos animados, pero lo que más le llamaba la atención era la música de fondo que los ambientaba. Unas navidades, emitieron en televisión unos cuentos de Disney cuya música era del compositor Tchaikovsky, concretamente El Cascanueces. Desde entonces les pidió a sus padres que se lo grabaran para verlo. En clase, mientras la profesora les ordenaba a ella y sus compañeros hacer los deberes, ponía de fondo música clásica. Descubrió que le servía para concentrarse en sus tareas. Aprendió a grabar en vídeo, cuando los sábados se levantaba algo más tarde, los conciertos matutinos en la segunda cadena de TVE.
Al acercarse la fecha de su cumpleaños o santo, si alguien de su familia le preguntaba qué quería de regalo, le respondía sin pensarlo que un casete o cd de algún compositor.

Como instrumento dentro de éste campo, el que más le gustaba era el violín. Anhelaba también formar parte de una orquesta sinfónica o cuarteto de cuerda. Comenzó a sentir que quería aprender a tocar el violín pero en el pueblo donde estudiaba, no había conservatorio de música ni actividades extraescolares por aquel entonces, sino que al terminar las clases por la tarde, merendaba en casa y comenzaba a hacer los deberes.
Al finalizar los estudios primarios, estuvo cinco años en un internado realizando estudios secundarios y tenía que estar bajo las órdenes del centro donde se encontraba.
Estando en la ciudad, mientras iniciaba sus estudios en la universidad, se dirigió a un conservatorio para informarse sobre su ingreso; no le auguraron buenas esperanzas de que formase parte del mismo, porque le comunicaron que quienes tenían preferencia eran los niños a partir de siete años. Fue comprensiva y a pesar de ello presentó la solicitud durante dos años y no fue elegida.

De vez en cuando se siente enojada, puesto que si existiese en su infancia actividades extraescolares, tiene seguridad de que aprendería. En numerables ocasiones, al pasar delante de una tienda de instrumentos, se queda un momento en el escaparate contemplando el violín y pensando si algún día conseguirá aprender a tocarlo. Desde entonces, todos los días, escucha música clásica de sus compositores preferidos, aparte de seguir viéndolo en televisión o ir a cualquier evento relacionado en el teatro.

17 comentarios:

Aires dijo...

En la vida hay oportunidades que se pierden, efectivamente, y nunca más vuelven. Pero hay otras que si somos testarudos e insistimos, finalmente, parece que convencemos a la vida y nos la presenta otra vez. Un besito.

Lourdes dijo...

La verdad es que a veces es triste darnos cuenta de que no hemos tenido las oportunidades que seguramente hubiéramos aprovechado en su momento.
Y que después, ya es demasiado tarde.
Pero es peor haber tenido las oportunidades delante de nuestras narices, y no haber querido aprovecharlas. Eso sí que es para darnos de guantazos, no crees?

Seguro que la criaturica ésta de la historia habría sido una estupenda violinista.

Besos, Tejedora.

Ayla dijo...

Qué triste no poder perseguir los sueños! Pero no por eso vamos a dejar de alimentarlos. Nunca es tarde para alcanzarlos.
Sencillo relato.

RAMPY dijo...

HOla Tejedora, lamentablemente, no había tenido la oportunidad de visitar tu casa hasta ahora.
Bonito post.
Te mando un beseo enorme.
Saludos
Rampy

Esther dijo...

está muy bien que se aficionara a la música clasica.Es raro en los niños pero gratificante que les guste algo tan mágico..

Saludos!!

tejedora dijo...

Aires: Así es. Y en el caso que nos ocupa de éste post, es algo que siempre esta ahí. Este tipo de música sigue con el paso de los años.

Un besito.

Lourdes: Espero que para esta persona, que sueña con tocar el violín, jamás sea tarde en conseguirlo. Aunque en algunos momentos piense lo contrario.

Muchos besos.

Ayla: Gracias por tu visita. Mientras se viva hay que hacer lo posible para alimentarlos y que no queden en el olvido.

Un abrazo.

Rampy: También… gracias por venir a esta casa. Me alegra que te haya gustado el post.

Besos.

Esther: Es una afición preciosa, para mi gusto. Cada vez encuentro a más niños que están en conservatorios apuntados y eso es mágico, como dices.

Saludos.

Cristinaa dijo...

¡Hola!
Paso por aquí por primera vez, que he llegado a través de Lourdes.
Me he leído muchos de tus posts y geniales, me encantan!
Así que si no te importa... seguiré pasando.
Un beso!

Sara dijo...

Tejedora
los sueños son lo unico que nadie nos puede robar!!!!.
besos.

toñi dijo...

antes no se disponiamos de las mismas oportunidades que ahora . yo sin ir más lejos tambien me quede con ganas de aprender varias cosas pero tambien me he dado cuenta que nunca es tarde si realmente lo deseas, sin ir más lejos hace unos años no sabia ni encender el ordenador y ahora, -aqui estoy-, y realmente sorprendida de todo cuanto he aprendido aunque creí que seria imposible. ESpero que ella pueda aprender y disfrutar con el violin. Un beso

tejedora dijo...

Cristina: Gracias a ti y también a Lourdes –de nuevo ;)- Me alegra que te gusten los post que he escrito y que pases por aquí cuando desees; encantada en pasarme también por tu blog.

Un beso.

Sara: Imagino que ella tendrá puesto una especie de “candado imaginario” para que no se lo roben ;)

Besos.

Toñi: Yo también lo espero y en tu caso es un gran logro el que has conseguido. Nada es imposible.

Un beso.

jeromo dijo...

Sucede con demasiada frecuencia, por falta de posibilidades, perdemos muchas oportunidades. No obstante la chica tiene algo muy importante de su lado, el deseo y posiblemente la aptitud, con lo cual, por lo que se vislumbra, es cuestión de tiempo que consiga lo que desee.

Otros lo tenemos peor, siempre me ha gustado el tambor, pero oye, imposible, con los oídos de madera y una motricidad descoordinada con el coco, sólo me queda el recurso, si me atrevo algún día, y esperando que no me echen del pueblo, de irme a la tamborrada de Calanda en Semana Santa.

Un saludo.

Esteban dijo...

Los trenes que pasan nunca vuelven ¿verdad?
Si te contara cuantos trenes he pedido yo en mi vida.... y curiosamente sigo sin aprender cuando los debo coger o no.
La experencia te da muchas cosas y una de ellas es aprender a sufrir con diginidad pero no te impide volver a equivocarte una y otra vez.
Un abrazo,
Esteban

tejedora dijo...

Jeromo: Intuyo, como tú, que la chica lo conseguirá.

Suerte con lo del tambor. No persistas. Ojala lo consigas.

Un saludo.

Esteban: Gracias por estar aquí. Pasan muchas veces los trenes, y aunque el billete esté comprado, no hay voluntad o se encuentran trabas para subir. Y la experiencia… engloba tantas y tantas cosas.

Un abrazo.

El club de los Parados dijo...

no quise marcharme sin antes dejarte una sonrisa
Nos leemos

tejedora dijo...

El club de los parados: Mi respuesta es como la anterior ocasión: cojo tu sonrisa, pero llévate la mía.

Un abrazo.

ESTELAMARIS dijo...

Creo que la edad idónea para aprender a tocar un instrumento esta entre los tres y los diez años, aunque nunca es tarde para intentarlo.Hay gente que se lo ha propuesto y ha conseguido cierto nivel, pero pocos han llegado a ser profesionales.
Yo tengo pendiente un par de cositas bailar Claqué y hablar 2 o 3 idiomas, pero con el ingles me conformaría. Respecto a un instrumento? LA BATERIA.

No se, será a los 90 años y con mucha disciplina jajaja, pero lo conseguiré.


Saluditos

tejedora dijo...

Estelamaris: Nunca es tarde… aunque a ella le hubiera gustado cuando fuese más pequeña.
La edad no importa, pero intuyo que conseguirás aquello que te propones.

Gracias por tu visita a este rincón o casa, como desees llamarlo, que también es tuyo.

Saludos