14 de abril de 2010

Aquellos veranos...

Me gusta cada cierto tiempo, realizar un repaso a los álbumes de fotos que tengo guardados, y el otro día lo hice. Rescaté las siguientes fotos que veréis a continuación, en las que me hayo sola, con mi padre o hermano.











Qué recuerdos me vienen a la cabeza… Debería tener diez años y pertenece a uno de aquellos veranos que pasaba en casa de mis abuelos maternos. Permanecía allí desde que nos daban, en el colegio, las vacaciones de junio, hasta el nuevo comienzo del curso escolar, en septiembre. Imaginaros que, para mis abuelos, estar rodeados de sus nietos, era motivo de alegría. Había momentos del verano en que estaba sola con mis abuelos, o venían mis hermanos y primos.
En el patio, había una pequeña alberca y un tacho de cinc –para mojarnos, y después tomar el sol-, que mi abuela utilizaba antes de adquirir la lavadora, para lavar la ropa a mano.
Era un pueblo en el que, algunos vecinos –cuando el sol se ponía- salían a las puertas de sus casas con sillas hasta la hora de cenar. Mi abuelo decía que no quería oler a viejo (jamás supe ese olor), y me encargaba que, antes de llevarle al zaguán, le untara colonia. Era un hombre muy coqueto y elegante. Al no valerse por sí mismo, los que le cuidábamos, teníamos que estar pendientes de que no le faltase nada. Una vez que mi abuelo estaba allí, traía mi silla y la de mi abuela, para hacerle compañía.
Algunas personas que pasaban por la puerta, y veían a mis abuelos, estaban un rato hablando con ellos y cuando no, estábamos con los vecinos de las casas circundantes. Había un vecino, muy cariñoso, apodado Manolito Charlas (debido a una parálisis cerebral, tan sólo decía “Eco”), realizaba su paseo acera arriba, acera abajo, con su bastón, Carmen la de enfrente (porque vivía en la casa de frente), que cuidaba a su madre, llamada también como ella, entre otros.
Las calles tenían pendientes, algunas más elevadas y otras menos. Debido a esto, mis abuelos, a los vecinos que estaban situados a la izquierda los denominaban “casa arriba”, y a los de la derecha “casa abajo”. Un verano, inclusive aprobando el curso, decidí que mis padres me apuntaran a clases particulares de matemáticas, para tener un pequeño adelanto de los temas que tendría en el siguiente curso. Tenía que desplazarme, en la misma calle, varias casas más abajo, pues la casa de mis abuelos estaba en la parte más alta de la cuesta. Las clases eran impartidas por un profesor de instituto y tenía que llevar bien las matemáticas, pues todos los viernes realizaba un examen.
Camas nunca faltaban en aquella casa. Había seis más, pues mis abuelos, casi siempre estaban acompañados y, en cualquier momento, cada una estaría ocupada. Mis abuelos dormían en la parte inferior de la casa en habitaciones contiguas (aunque siempre tenía que dormir alguien en una cama en la habitación de mi abuelo, debido a su estado de salud), y cuando venían mis primos, que residían en el mismo pueblo, a dormir alguna noche, las charlas y risas se alargaban hasta altas horas de la madrugada. Mi abuela, en alguna que otra ocasión, iba al comienzo de la escalera para decirnos que durmiéramos.

Esto es sólo una pequeña parte; me hago mayor, mis abuelos fallecieron, la vecindad ha cambiado… y desde entonces finalizaron aquellas inolvidables épocas estivales. La casa ha variado bastante, veo a mis primos con menos asiduidad –es lógico que hayan rehecho sus vidas-, y siempre recordamos estos y otros momentos.



Fotografías: tejedora

12 comentarios:

AdP dijo...

Es bueno refrescar los recuerdos, sobre todo para evitar que no se nos olvide quiénes somos. El problema que tiene sacar las fotos antiguas es que cada día que pasa se parecen más a un archivo de los que se fueron, cuando en su momento lo era de los que estaban. Aun así, siempre hay recuerdos gratos, como los que nos cuentas en la entrada.

Saludos.

mariajesusparadela dijo...

La infancia es nuestra patria añorada.

Cristinaa dijo...

Te queda el recuerdo, que no es poco :)

Lo que cuentas es lo que vivo al menos una semana cada verano en el pueblo de mis abuelos. Sólo cambian los nombres de los vecinos, porque también viven en una cuesta y se salen todos a tomar el fresco.

Un beso, y sigue contándonos cosas así, que me encantaan!

cabopá dijo...

Me has recordado las noches al fresco en la puerta,aquí también es costumbre en verano y los juegos con los primos a la luz de la luna...
Mirar las fotos siempre es refrescar la memoria y evocar cosas bonicas.
Besicos.

Ligia dijo...

Los recuerdos de la infancia nunca se olvidan y a través de las fotos los rememoramos con facilidad. Abrazos

manu dijo...

Me lo imaginé todo, charlé con tu abuelo en la vereda, dormí en una de las seis camas y degusté la comida de tu abuela (me emocionó el relato, es que cuando imagino...imagino!). Que linda que es la niñez, cuanta felicidad encontramos, afecto…y sobre todo: simpleza.

Un abrazo

Lourdes dijo...

Me ha recordado bastante a mi infancia. Nosotros tb pasábamos las vacaciones en casa de mis abuelos, con mis primos, que éramos todos muy parejos. Ahora, seguimos siendo parejos, pero no nos vemos tanto como antes. Es lo que suele pasar, sí.


Besos, Tejedora!

Esteban dijo...

Yo te comente y no esta el comentario, supongo que sera un fallo de los blog.

Te decía que en los pueblos es muy común en verano sentarse por la noche en la calle los vecinos y charlar, por aquí se le suele decir tomar el fresco.
Un beso y buen fin de semana.

Manel Aljama dijo...

Todos tenemos fotos parecidas y no me refiero a que estés con tu hermano, sino a los ladrillos qu están en el fondo. Son fotos familiares y entrañables cuyo protagonista está en primer plano cuando se hace la foto pero que cunado se visualiza o recuerda se ve todo el contexto: ladrillos, plantas, una tortuga, un gato, unos zapatos con agujeros, unas chanclas... ¡cualquier cosa!

Me ha gustado el detalle de "no quería oler a viejo" y es toda una declaración de principios.

tejedora dijo...

AdP: Siempre suelo dedicar un tiempo digamos “exacto” para ver las fotografías, y me sobrepaso un poco, porque en la mayoría de las ocasiones, recuerdo, lloro, río,…
Estas fotos están forman parte de esos recuerdos gratos que citas.
Un saludo.

María Jesús: Demasiado añorada. Todos los días hay situaciones presentes que me llevan a recordar el pasado; mi infancia, por ejemplo.
Un abrazo.

Cristina: Noto que hay similitud, aunque los años pasen entre los momentos que viví y que vives tú ahora.
Me alegra que te guste.
Un beso.

Cabopá: Me gustaba vivir esos veranos. Como escribo en el final, fallecieron ellos y ya no se repitieron.
Por otro lado, me gusta que sigan esas costumbres de que, cuando se ponga el sol, salgan las personas a tomar el fresco en la puerta de su hogar.
Besos.

Ligia: Es cierto. En ese caso es a través de las fotos y, por ejemplo, cuando veo en el parque a una niña con sus abuelos, me recuerda, también, a mi infancia.
Un abrazo.

Manu: Imaginas bien y te has situado perfectamente en cada uno de los lugares que nombro. Sobre todo destaco la simpleza (como tú), sencillez y honradez de mis abuelos.
Un abrazo.

Lourdes: Ya ves, mi diablilla, que tenemos cosas en común.
Muchos besos.

Esteban: Sería un fallo del blog, porque me ha llegado este comentario que he publicado, sin embargo, el anterior no.
Allí también se le nombra de la misma forma. La costumbre sigue, aunque, al centrarme en mis abuelos y los vecinos, con el paso de los años, y en verano, ya no es de la misma forma.
Un beso y buen fin de semana.

Manel: Si te fijas (aunque se vea un sumidero muy cerca de los ladrillos), utilizábamos los ladrillos porque el escalón, respecto al suelo del patio, tiene poco nivel. Cuando llovía, los ladrillos permitían que el agua no llegara hasta el nivel del escalón, y de ahí al interior de la casa, porque lo contra restaba. El sumidero tragaba agua, pero los ladrillos se utilizaban para lluvia abundante. Sé que era verano y, apenas llovía. Pero ahí estaban reservados los ladrillos, por si acaso…
Sobre el “no quería oler a viejo”, lo decía antes de que le ducharan, pusieran ropa limpia o, como escribo en el blog, antes de untarle la colonia. No decía exactamente “colonia”, sino otra palabra que no aparece en la RAE, y la aprendió, según me dijo, en su juventud. En definitiva, de él y de mi abuela, he aprendido muchas cosas y más que quise aprender, pero me sorprendió sus fallecimientos y me quedo con lo que aprendí.
Un abrazo.

Alvaro Peña dijo...

Que bonito y entrañable, poco a poco nos vamos haciendo mayores y quedan esos bonitos recuerdos. Me he alegrado mucho de hablar contigo, ya que hacía bastante tiempo y me he llevado una grata sorpresa, te llama´re yo otro día, y perdona que no pudiera estar más tiempo. Saludos

tejedora dijo...

Álvaro: De veras que añoro esos recuerdos.
También me ha alegrado hablar contigo. Como te dije una vez: son “días en que te levantas y puedes intuir algo que pueda ocurrir, sin embargo, otras cosas no”, y esta ha sido una de ellas.
Un abrazo.