20 de marzo de 2010

El violinista de Mauthausen


En París, una pareja está a punto de casarse en la primavera de 1940, pero la Wehrmacht invade Francia y él, republicano español exiliado, es detenido por la Gestapo y enviado al campo de exterminio de Mauthausen. Ella colaborará con los servicios secretos aliados, dispuesta a cualquier cosa para salvar la vida de su prometido. Entre ellos, un ingeniero alemán que ha renunciado a su trabajo en Berlín para no colaborar con los nazis, se dedica a recorrer Europa con un violón bajo el brazo. Muy pronto, las vidas de los tres se entrelazarán para siempre. El violinista de Mauthausen es su historia.


A Andrés Pérez Domínguez, le surgió la idea para escribir esta novela cuando se encontraba en Viena, una mañana temprano en una estación de metro y vio a una pareja joven bailando un vals en el andén, sin música, ajenos a todo lo que ocurriera y como si no estuviesen allí. Finalmente, se le ocurrió que esta pareja estaría en París, en los jardines de Luxemburgo, concretamente en la primavera de 1940, cuando los alemanes invaden Francia. Él (Rubén Castro) es un republicano español exiliado, ella (Anna Cavour) es francesa. Están a punto de contraer matrimonio, pero a él (por sus ideales políticos), se lo llevan preso al campo de Mauthausen.
Seguidamente, aparecen dos personajes principales más. Robert Bishop –agente norteamericano de la OSS y que necesita de la ayuda de Anna para convertirá en espía, a cambio de ofrecerle información sobre Rubén- y Franz Müller –berlinés y bohemio, que deja de trabajar como ingeniero aeronáutico para no estar vinculado al régimen nazi, y se refugia en su violín-.

Hay tres clases de campos de concentración: de primera, segunda y tercera categoría. Mauthausen era de tercera (aquellos destinados a presos no recuperables y que tan sólo podrían salir por la chimenea del horno crematorio).
Ciento ochenta y seis escalones conducen a una cantera y, se dice, que en cada peldaño hay sangre de un republicano español.

Esta novela me ha colmado de momentos angustiosos e inquietantes, como el viaje en un tren de ganado de los presos, sin beber ni comer, salvo cuando salían del mismo a beber agua de un charco, la espeluznante muerte de Santiago, preso valenciano y amigo de Rubén, y por último, cuando el hijo de un oficial de la SS, recibió como regalo de cumpleaños una pistola y la escena trágica que quiso cometer con este artilugio.

La música juega un papel fundamental, pues el vals que interpreta Fran Müller, salva a Rubén de la muerte (el sonido le deriva al pasado, y el recuerdo hace acto de presencia).

Me produce asombro, cuando Rubén Castro abandona el campo de concentración, tras cuatro años, cinco meses y seis días, muy delgado, con el pelo canoso y se siente muerto –aunque se encontrase entre los supervivientes- mientras que otros compañeros perecieron.

El violinista de Mauthausen está lleno de amor, pasión, drama, traición, crueldad y, también, sirve de homenaje a los que padecieron el Holocausto. He disfrutado leyéndola.
Tras leer El síndrome de Mowgli y finalizar El violinista de Mauthausen, pude comprobar que el final también es abierto. Es una de las características del autor, y personalmente creo que este tipo de finales, ayudan al lector a crear su propio final.

12 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

A mi también me gustan los finales abiertos, porque eres tu quien termina la novela.
Tengo varios premios Ateneo de Sevilla y siempre me han encantado, lo que hace que le de al premio un especial valor.
El tema de los campos de concentración, del holocausto, de la segunda guerra mundial, no se acaba nunca, aunque parece que ya todo se ha escrito.

joselop44 dijo...

Desde que escuché al autor en una entrevista hablar sobre la novela, la tengo apuntada entre las que quiero leer. Me pareció muy interesante y su autor muy inteligente y hábil con el manejo de las palabras.
Un abrazo

Lourdes dijo...

Interesante libro, sí.
Los finales abiertos molan. Aunque algunas veces, como que me gusta leer que el final que hay, es el que yo quiero que sea. Vamos, que no me lo tenga que inventar porque ya está ahí.
:)


Besos, Tejedora!

Ligia dijo...

No lo he leído, así que lo apunto en mi lista de libros pendientes. Abrazos

salvadorpliego dijo...

Esa historia suena muy interesante precisamente ayer que leía sobre el holocausto. Gracias por compartirla.

Un fuerte abrazo.

Andrés Pérez Domínguez dijo...

El autor de El violinista de Mauthausen agradece a Tejedora sus palabras tan amables, y también los comentarios de los lectores.
Un abrazo a todos,

Lunaria dijo...

Creo recordar que en una ocasión me la mencionaron, pero ni me acordaba del nombre. Por lo que veo merece la pena leerla, asi que anotada queda.
Besotes.

Yopopolin dijo...

tiene muy buena pinta... me lo apunto!!

saludos!!

tejedora dijo...

María Jesús: Así es. Puedes terminar la novela a tu gusto.
Aquí tienes un premio Ateneo más.
Un abrazo.

José Luis: Me alegra que forme parte esta novela de entre las que tienes pendientes de leer. Seguro que te gustará. Ya me dirás.
Te doy la razón con las descripciones que aportas sobre el autor.
Un abrazo.

Lourdes: Es un final a tu gusto; quizás sin darle demasiadas vueltas.
Muchos besos, mi diablilla.

Ligia: Está bien. Ya me contarás.
Un abrazo.

Salvador: No hay de qué. Me parece interesante toda la novela, aunque haya destacado algunos momentos que se citan en la misma.
Un abrazo.

Andrés: Muchas gracias en pasarte por aquí. Ha sido un gran placer leer tu obra. Te comenté antes de leer la novela que el personaje que más me llamaría la atención, sería Franz Müller. Inclusive me he encariñado con él. Hasta los acordes de su violín parece que los escuchaba.
Un abrazo.

Lunaria: Cuando termines de leerla, no olvides decirme qué te ha parecido. Es digna de ser leída por muchos motivos.
Besos.

Yopopolin: Ya veo que muchos la vais a leer. Tal y como escribí a los demás, ya me dirás. Espero que te guste.
Un abrazo.

Bohemia dijo...

Tiene muy buena pinta...me lo apunto!!!

toñi dijo...

Me tomo nota porque no lo he leído y me parece por lo que has descrito que debe de ser muy bueno

La sonrisa de Hiperión dijo...

Un placer siempre pasar por tu espacio... y llevarme estas cositas para mi.

Saludos y un abrazo enorme.