23 de octubre de 2009

¿Alguien sabe quién soy?


Dicen que tengo 74 años. Es posible. Hasta ahora lo daba por cierto, tal vez por pereza o por ganas de no pensar mucho más lejos. Dicen que me llamo Victory. De apellido de soltera parece ser que me llamaban Smith, tal vez porque a los que me dieron mi segunda vida les acometió la misma pereza que a mí y a las mismas pocas ganas de pensar. En realidad, la primera vez que pude leer algo referido a Victory Smith fue en un papel de la escuela primaria de Leighton, en Bedfordshire. Pero lo de Smith duró bien poco, porque mis nuevos padres se llamaban Taylor, que tampoco es una muestra de una gran imaginación. Y así he ido por la vida, siendo Victory –por el resultado de la guerra- y Taylor, por la buena gente que me hizo de padres durante muchos años.

La verdad es que mi papá Taylor se pasó la vida trabajando. Y no le fue mal. En el ejército se cuidaba de reparar carros de combate y, con la paz, pensó que podía dedicarse a reparar coches. Cuando papá Taylor murió, disponía de una mediana red de talleres que le proporcionaban bastantes beneficios. Hace una par de semanas, vendí los talleres Taylor a una empresa alemana. Ya es curioso: la gran industria británica de la automoción ha sido comprada por las fábricas Daimler y Benz, a las que tanto creímos destruir en su día. Pero eso no importa. Lo importante es que hoy tengo dinero y una participación vitalicia en los talleres Taylor. Y lo primero que he hecho ha sido imprimir esa foto de los niños y pegarla por las paredes preguntando a la gente si alguno se acuerda de quién soy en realidad.

Porque todo empezó con los bombardeos de Coventry. Aquella noche de fuego llegaron los bomberos y nos sacaros de casa. Ya nunca más volví a ver a mis padres. Nos llevaron a una casa de acogida donde no llegaba el zumbido de los aviones. Allí me vinieron a decir que tal vez mis padres no regresarían jamás. Yo les decía que vivía en una casa muy cerca de la catedral, porque cada hora oía el tañido de las campanas. Pero un día escuché que todo el centro de Coventry estaba arrasado. Fueron años plácidos. Me acuerdo de alguno de mis compañeros de aquellas larguísimas vacaciones, pero, naturalmente, a todos ellos les cambiaron el nombre, y la casa de acogida dejó de acogernos. Fue una familia para los que no teníamos familia. Me quedé sola y ahora sigo estando sola. ¿Alguien sabe quién soy? Porque, si la vida es memoria, me he quedado sin una parte importante de mi vida. He puesto un número de teléfono. Los vecinos, que no sabían nada de mí, me vienen a ver y me compadecen. Otros, más cautos, dicen que no me fíe del primero que llegue, que hay gente que se dedica a aprovecharse de los que no sabemos nada de nosotros mismos. Todavía conservo en la vitrina la taza con la que tomábamos la leche en el jardín. Se rompen los recuerdos, se quiebran las familias, pero incluso la loza resiste más que la humanidad en armas.

Acaban de llamar por teléfono. Pero no era nadie que preguntara por Victory Smith. Se limitaban a ofrecerme un plan de pensiones en cómodas mensualidades. Ellos sí creen que saben quién soy.
Texto: Joan Barril
Fotografía: Getty

12 comentarios:

Yopopolin dijo...

ya era hora de volver a verte por aqui... es un placer leer los textos de Joan Barril!

un saludo

Lourdes dijo...

Otro texto genial de Joan Barril...
Triste, por el significado de los niños de la guerra, pero un texto genial.


Besos, Tejedora!!

Ana dijo...

Me alegro de tu vuelta...
Se te echa de menos.

Muchos besitos.

mariajesusparadela dijo...

Nos repetimos mucho, lo sé, pero yo también te echaba de menos. Y, sí, muchas veces, los que venden creen saber quienes somos...estudios de mercado les llaman (no estudios de personas...)

RAMPY dijo...

Hola, Tejedora, me alegro de volver a leerte, aunque sea a través de los textos de Joan Barril.
Un rampybeso.

Cabopá dijo...

Holaaaaaaaaaaaaa, me alegro de ver que estás por aqui.....Se te echaba de menos tejedora......
Veo que estas leyendo "La soledad de los números primos".....A mi me encantó.......Besicos.

Unknown dijo...

Se te echaba de menos.
El texto es muy bueno, aunque siempre me han dado mucha penita los niños de la guerra, tuvo que ser muy duro para ellos.
Besitos.

Meiguiña dijo...

¡Cuanto tiempo sin tus letras! Tus letras tejidas una a una se echaban de menos querida Tejedora.

Un texto maravillos con una historia encerrada en ella, esos niños de la guerra.

Bicos meigos

Montse dijo...

me alegro de volver a leerte.

Besitossss

Jose Antonio dijo...

Un estupendo regreso.

Un abrazo.

Rosa Cáceres dijo...

¡¡¡Has vuelto!!!¡Qué alegría! Te echaba de menos, bonica.
Me he enterado por tu comentario a Álvaro Peña, sí que sería divino que nos pudiéramos conocer allí, pero te pilla lejos, la verdad. Sin embargo, me voy a llevar cámadra de fotos y si me salen presentables las pondré para que de alguna forma lo veas. Aunque a cabopá la sacaré de spaldas, que le gusta el misterio jajaja

tejedora dijo...

Yopopolin: Gracias.
Saludos.

Lourdes: Es muy triste. Me impactan todos los niños de la foto, aunque, no sé por qué, la niña que se ve a la izquierda.
Muchos besos.

Ana: Gracias. Yo también a vosotros os echaba de menos. Han ocurrido una serie de cosas que me han impedido estar por aquí. Algunas siguen ahí y no podré entrar con demasiada frecuencia.
Estás guapísima en la foto.
Muchos besos.

María Jesús: También me alegro de verte. Es cierto lo que comentas.
Besos.

Rampy: Igualmente. He leído que habéis tenido un encuentro algunos foreros y que todo salió a pedir de boca. Que se repita de nuevo, ¿eh?
Muchos besos.

Cabopá: También me alegro de verte. Imagino que seguirás visitando el mar que tanto te gusta.
En cuanto al libro que comentas, me está gustando. Lo leo a ratos, aunque cada día leo algunas páginas. Gracias por tu referencia.
Besos.

Piluka: Paisana. Yo también a ti y a los demás. También me ocurre lo mismo para con esos niños. Sufrimientos, muertes,…
Besos.

Meiguiña: Muchas gracias.
Besos.

Montse: ¿Qué tal estás? Me reitero en lo escrito a Rampy: contenta estoy con el encuentro que tuvisteis.
Besos.

Senovilla: Gracias.
Un abrazo para ti y los pequeños artífices de Parapeques y Parapecas.

Rosa: Muy lejos me pilla. Cualquier día nos conoceremos los tres, seguro. Agradezco lo de las fotos. Cabopá es como yo; soy negada para las fotos.
Besos.